¿Por qué protegen a Tomás Zerón?

Uno de los hombres más polémicos del gobierno de Peña continúa su ascenso. Y la causa abierta en su contra por el proceso de los 43 de Iguala no impide que se integre al Consejo de Seguridad Nacional.

Por Gabriel Bauducco (@GabrielBauducco)

Tomás Zerón, uno de los hombres más polémicos y más señalados del gobierno de Enrique Peña Nieto, renunció la semana pasada a la titularidad de la Agencia de Investigación Criminal. Tenía una causa abierta en la PGR por el caso Iguala, la desaparición de los 43 estudiantes normalistas. La tiene aún, eso informó la Procuraduría: que a pesar de ya no estar en ese cargo la causa sigue el desahogo normal. ¿Se trata de un acto de dignidad de quien ha sido señalado como el responsable de sembrar restos humanos en la escena de los hechos, que quizá ni siquiera fue ahí, según algunas investigaciones?

No. Se preparaba para un brinco en su carrera en la larga lista de funciones dentro del Estado. Enseguida, el presidente decidió premiarlo nombrándolo Secretario Técnico del Consejo Nacional de Seguridad. Así nomás. Lo ponen en un lugar de alta confidencialidad, en el que se deciden cuestiones realmente serias sobre la seguridad del país, la marina, el ejército, el CISEN, todo confluye ahí.

Sobre la espalda de Zerón pesan asuntos clave como los de la noche del 27 de septiembre de 2014. La lista de irregularidades en ese proceso es enorme. El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes acusó Zerón de manipular un video, omitir entregar evidencias del caso Iguala y sembrar bolsas con osamentas, para tratar de justificar la llamada “verdad histórica” construida desde el oficialismo. Imagínate la lista de cargos en su contra si esto se probara. Entonces, ¿por qué el presidente decide premiarlo? ¿Qué cálculos lo llevan a desoír el descontento acerca de su colaborador?

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Tras casi cuatro años de gobierno, los índices de aprobación popular del presidente Enrique Peña Nieto están en caída libre. El periódico Reforma publicó el mes pasado que sólo 2 de cada 10 mexicanos (23% para ser exactos) creen que Peña hace bien su trabajo. Según esa encuesta, el 76% de los ciudadanos encuestados consideró que el país va por mal rumbo.

Es verdad que son pocos, poquísimos, los mandatarios que logran mantener su imagen libre del ineludible desgaste del poder. Y es verdad también que el caso de Peña es particular, no por el hecho del desgaste en sí, sino por los niveles tan bajos. Aunque, Peña ha dicho que buscó presidir el país para contribuir a sus mejoras, no para buscar popularidad. Para entender la magnitud del asunto, es bueno recordar estos números sobre niveles de aprobación publicados por Excelsior a finales de 2012, hablando de Felipe Calderón y comparándolo con los tres presidentes anteriores: Felipe Calderón, 49%. “El apoyo al final de su mandato es inferior al de sus antecesores: Fox (67%), Zedillo (66%) y Salinas (77%)”.

Pues bien… o Peña tiene un plan maestro del que todavía no nos ha informado, o su equipo de asesores no le ha dado la información completa.

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