Melgar Bravo, el de la piel sensible

César Trujillo/Código Nucú.- Luis Armando Melgar Bravo, senador del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), es intransigente a las críticas vertidas en las redes sociales o medios de comunicación que no concuerdan con su forma de hacer política.

Le molesta que no todos no traguemos esas historias plagadas de buenas voluntades donde, de la noche a la mañana, ha orquestado una treta electorera bautizada como “cruzada” en pro del medio ambiente y se quiere subir a las luchas que ya llevan su camino recorrido sin que él, teniendo el poder y las armas para hacerlo, haya tomado cartas en el asunto desde su llegada en el 2012.

Al senador se le olvida que llegó a la Cámara Alta tras un acuerdo de un buen trato mediático entre los poderes fácticos, acuerdos pactados que le valieron por ser presidente de Fundación Azteca Chiapas y director del Canal 40 —espacios en los que lleva más de 17 años—, pero sobre todo por la voracidad de su patrón Ricardo Salinas Pliego que anhela tener a Chiapas en sus manos para poder explotarlo de forma descarada; se le olvida también que llegó siendo un funcionario mediático y sin trayectoria en la defensa del medio ambiente y sin conocimiento de causas sociales, pues todos viven en el limbo del poder y la impunidad.

Así como él, llegaron también Ninfa Salinas Sada, hija de Ricardo Salinas Pliego; Carlos Alberto Puente Salas, asesor de la CIRT, Jefe de Administración de Convenios Públicos y Gerente de Estrategias y Desarrollo Político de TV Azteca; y Juan Gerardo Flores, quien fuera director general en la Comisión Federal de Telecomunicaciones.

Tras la publicación de mi columna pasada,, y una editorial en donde criticaba el arribismo político que caracteriza al político chiapaneco, Melgar Bravo —o sus asesores y/o jefe de prensa— mandó a sus troles a atacar.

Primero amenazando con demandar por criticarlo fuertemente, luego denostando mi pluma porque se dijo lo que en realidad pasa y, por último, metiendo las patas al decir que el senador no tiene partido político pues su verdadero partido es la Red Melgar, es decir, la Fundación que el legislador vende como sin fines de lucro, comprometida con las causas y que los troles afirman es simplemente una plataforma política.

¡Grosso error! Dos cosas fueron evidenciadas tras el ataque de sus troles: la primera es que éstos son lerdos, burdos y estultos (con gusto se los capacito).

Carecen de seso y no dominan las redes sociales al desconocer que todo puede ser usado contra ellos en ese nimia y retrógrada defensa, pues en vez de ayudar a su patrón regalaron datos para evidenciar y reafirmar lo de su arribismo político y su piel tan sensible al no soportar una lectura diferente a la que él quiere que se tenga.

Ojo que sindicar que Red Melgar es el partido del senador no sólo habla de que existe una ruptura entre el Partido Verde Ecologista de México en Chiapas y el embajador azteca —como lo señalé—, sino que nos da la pauta para entender que esos apoyos y entregas, esa ayuda a los chiapanecos, pueden ser simples actos anticipados de campaña y la posible coacción de votos a cambio de “la ayuda” que el legislador está llevando por la geografía chiapaneca en aras de lograr su sueño de ser el sucesor del gobernador Manuel Velasco Coello.

Lo que se critica es ese cinismo que caracteriza a la clase política que al verse sola, abandonada y fuera de foco, busca agarrarse de lo que pueda.

Porque el senador Luis Melgar es funcionario público y como tal tuvo que tomar al toro por los cuernos desde hace cuatro años con el tema Proactiva, el de Cales y Morteros —que el mismo gobernador protege por la amistad entre sus familias y que, incluso, lo llevó al bloqueó con una llamada de escasos 40 segundos, de los embates que tenían preparados desde la Procuraduría del Medio Ambiente—,el de los ríos contaminados en la entidad que superan el 70%, los basureros a cielos abierto, el ecocidio en varias reservas incluyendo la devastación de la Lacandona, entre otros.

Melgar Bravo pudo haberse vestido de héroe si esos temas hubiesen estado en su agenda, si los avances hubiesen sido sustanciales.

Pero se mantuvo callado y en complicidad, y ahora: en la antesala del 2018, en la rumorología que lo muestra a la deriva dentro del círculo de políticos chiapanecos, quiere aparentar lo que no es.

Un principio claro coloquial reza que si se es pato se camina como pato.

El senador es político y actúa como tal. La clase política en México —y en nuestro estado— abandera la corrupción y la impunidad, y sólo cuando el barco se les hunde buscan mostrarse diferentes, ¿o no? Las cosas tan claras como siempre, senador.

 

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