Laberintos de palabras

Por Alejandro Páez Varela

Durante décadas, en el gremio periodístico se ha dicho que la gran caja chica de los impresos son los anuncios clasificados: una ventanilla de recepción, cantidades pequeñas depositadas por miles de personas en efectivo y cero pago de impuestos. No digo que sea una práctica extendida o común, o siquiera que exista. En todo caso, ya nunca lo sabremos porque los clasificados de los impresos (y los impresos mismos) atraviesan por una crisis que los empujan, desgraciadamente, hacia su desaparición.

Lo cuento porque, cuando leía del escándalo de Televisa, lo de la carta que circula entre los accionistas por el presunto desvío de ¡mil millones de dólares! de publicidad pagada con dinero de los mexicanos, no me extrañaba en lo absoluto el método allí denunciado. Supuestamente, el efectivo llegaba a una caja fuerte en el Estadio Azteca y de allí se ingresaba a bancos. No soy fiscalista y no me entretengo mucho en eso. Sólo repito: una ventanilla de recepción, cantidades pequeñas de miles de personas, efectivo, cero pago de impuestos.

No me suena descabellado que sean señalados los gobiernos de Rafael Moreno Valle, de Puebla; Rodrigo Medina, [ex Gobernador] de Nuevo León; Javier Duarte, de Veracruz; Manuel Velasco, de Chiapas, y César Duarte, de Chihuahua. Tampoco los partidos políticos: el Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN).

En distintos momentos, por las mismas razones, a esos mismos se les ha señalado por uso ilegal de recursos para favorecer campañas y candidatos a través de distintos métodos, incluyendo el uso de espacios en las televisoras que se pagan quién sabe cómo. No me suena nada descabellada la lista, tampoco el método. Y sospecho de cada uno de los señalados: Televisa, el PRI, el PAN, Moreno Valle, Medina, Duarte uno, Duarte dos, Velasco. Es más: creo que faltan varios; si yo me hubiera inventado esta carta, habría agregado a Eruviel Ávila, del Estado de México, y al Gobierno federal.

El viernes, The Wall Street Journal detalló que el dinero pagado por gobiernos y partidos a la televisora “se habría llevado en efectivo hasta el Estadio Azteca, propiedad de Televisa, donde se habría registrado como un ingreso fruto de eventos especiales, para presumiblemente terminar en cuentas en el extranjero de varios directivos de la compañía”. Me suena lógico todo. Le creo a esa carta, ¿por qué no?

Mil millones de dólares de partidos y gobiernos. Mil millones de dólares de nosotros, de los mexicanos. Es un montón de dinero como para que nadie investigue. Y nadie investigará, nadie: en este país están los impunes y están –cereza del helado– los impunes-para-siempre. Entre ellos, las televisoras.

Mil millones de dólares que no llegaron a los millones de pobres. Mil millones que, si es cierto lo que se dice, servirán para mantener flotillas de yates y mansiones en México y en el extranjero de una camarilla de vivales que son vivales desde que tengo memoria.

***

El mayo de 2012, sometido a una presión inédita por los muchachos del YoSoy132, el candidato a la Presidencia por el PRI lanzó un decálogo (otro de muchos, muchos que lanzaría en los siguientes años), su famoso #ManifiestoPorMéxico que fue trendig topic y toda la cosa y se llevó la principal no sólo en El Sol de México sino en la mayoría de los medios.

Hablaba de libertades religiosas, división de poderes, la no discriminación y todas esas cosas que se escuchan súper chidas cuando andan en campaña como los derechos humanos, la libertad de manifestación, la transparencia y la rendición de cuentas, y el federalismo y la transparencia. Y hablaba de la prensa. Tomo esa última idea que no era idea, necesariamente, sino promesa basada en la exigencia pública.

Enrique Peña Nieto decía:

2. Libertad de expresión. Como Presidente de la República seré garante de la libertad de expresión. Las críticas al Presidente de la República, en todos sus estilos y formatos, serán escuchadas, respetadas y tomadas en cuenta. En una Presidencia democrática no caben ni la violencia en contra de periodistas, ni la censura.

3. Relación con los medios. El gobierno debe establecer una relación con los medios de comunicación acorde con una cultura democrática. Como Presidente de la República impulsaré una reforma constitucional para crear una instancia ciudadana y autónoma que supervise que la contratación de publicidad de todos los niveles de gobierno en medios de comunicación se lleve a cabo bajo los principios de utilidad pública, transparencia, respeto a la libertad periodística y fomento del acceso ciudadano a la información. Solo un país bien informado garantiza una cultura democrática”.

Quisiera empezar por carcajearme. #ManifiestoPorMéxico –como se tuiteó desde la cuenta de Peña Nieto– mis polainas.

Visto a la distancia, el manifiesto de 2012 suena a burla. (Una burla macabra: ¡tantos periodistas muertos, carajo!).

“Seré garante de la libertad de expresión”. Ja.

“Las críticas al Presidente de la República, en todos sus estilos y formatos, serán escuchadas, respetadas y tomadas en cuenta”. Ja, ja.

“En una Presidencia democrática no caben ni la violencia en contra de periodistas, ni la censura”. Ja, ja, ja por dos: Ja, ja, ja, ja, ja, ja.

Risa macabra, conste. Triste risa macabra.

Ahora, el inciso tres, el de Relación con los medios. Rescato una idea entre tantas letras que se van, así como están, directo a la basura:

“[…] Impulsaré una reforma constitucional para crear una instancia ciudadana y autónoma que supervise que la contratación de publicidad de todos los niveles de gobierno en medios de comunicación se lleve a cabo bajo los principios de utilidad pública, transparencia, respeto a la libertad periodística y fomento del acceso ciudadano a la información […]”.

¿Y luego?

¿Y la instancia ciudadana y autónoma que supervise que la contratación de publicidad?

¿Y los principios de utilidad pública, transparencia, respeto a la libertad periodística y fomento del acceso ciudadano a la información?

Muy sencillo: nada de eso existe. Y no existe porque significaría acabar con el negocio redondo de muchos. El negocio de políticos inmorales que utilizan el dinero de la publicidad oficial para beneficiarse de los favores de los medios.

El negocio de partidos políticos que hacen todo por ganar elecciones porque si ganan elecciones entonces tienen acceso a dinero público y si tienen acceso a dinero público pueden comprar medios y si compran medios pueden ganar elecciones.

No soy fan de la Arquidiócesis Primada de México pero ayer, en el Semanario Desde la Fe, dio con el clavo: “La primera parte del sexenio quedó en la parálisis: tres años perdidos en los laberintos de las palabras, discusiones y congeladoras”.

Los laberintos de las palabras, discusiones y congeladoras con una sola intención: seguir viviendo del erario público. Laberintos de palabras para seguir administrando este país como un negocio personal. Laberintos de palabras para seguir repartiendo lo que nos queda en unas cuantas manos, las manos de siempre, las manos de los que tienen tanto que ni siquiera les dará la vida para podérselo gastar.

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