La política a partir de la teoría para la praxis política

No se nace político. Se hace político a partir del aprendizaje en la historia de las teorías políticas y de lo que han sido ambas en el presente a partir de Atenas-Esparta (para esto nada como el texto de Luciano Canfora, El mundo de Atenas; editorial Anagrama; acompañado de Norberto Bobbio, Teoría General de la Política, editorial Trotta). Lo que ha pasado es que en el escenario de la política de México y el mundo, quienes se presentan como políticos pasaron por alguna licenciatura, quizá hasta universitaria; o en cursos al vapor sólo para obtener un certificado. Pero no se han dedicado a continuar estudiando a los teóricos de la materia directamente y no sólo en historiadores de política. Y que los hay, sirviendo de introducción a los teóricos y actores de la política.

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Sirva lo anterior para entrar en la materia, al toparme con el ensayo del profesor de ciencias políticas de la universidad de Gotemburgo Víctor Lapuente Giné, que lleva por título ¿Qué es la política? (El País, 18 de abril de 2016). Este analista dice que “la política es la gestión de las reglas comunes (los medios jurídicos y sus fines políticos, agrego yo) y no de los nombres propios… sin caer en los casos individuales sin elevarse a las nubes abstractas del sistema… La política es lo que está en medio, entre el sistema y el individuo. La política es la discusión sobre las normas formales, las instituciones, que regulan el comportamiento de los miembros de una comunidad”.

Los partidos se han integrado con analfabetas de la teoría política, abusando del pragmatismo y la democracia representativa a través de las 1 mil y una traiciones a la democracia electoral, como manifestación de la democracia directa. Carecen de una sólida formación e información teórica yendo directamente a los textos de Tucídides, Platón, Aristóteles, Cicerón, los pensadores medievales, el renacimiento, la ilustración: Kant, Maquiavelo; el republicanismo romano, el cesarismo, la práctica autocrática de Esparta y las altas y bajas democráticas en Atenas donde se inician los golpes de Estado, la corrupción, la tortura… males que ahora son combatidos por los derechos humanos donde solamente hubo derechos políticos para el demo: el pueblo con esclavos.

Pocos van a las Vidas Paralelas de Plutarco. Se envician con El Príncipe y no van a Las décadas de Tito Livio. Menos estudian a Hans Kelsen ni a John Rawls; como tampoco a Thomas Hobbes. Y citan a una ética abstracta para dizque portarse bien, olvidando las teorías éticas (los tres tomos coordinados por Victoria Camps: Historia de la Etica; editorial Crítica). No conocen –ni por los forros– el Policraticus de Juan de Salisbury. Ni la Nueva historia de las ideas políticas de Pascal Ory. Ni son lectores de Nicolás Tenzer: La sociedad despolitizada, para comprender “la crisis intelectual” de los políticos que han corrompido la actividad política, únicamente, como medio para escalar cargos y no resolver problemas de su tiempo, es decir: del presente.

El asunto es que sin teoría, como estudio de la historia de las teorías políticas, la práctica de ella como pragmatismo para el botín de la corrupción, lo que tenemos es el “teatro de las disputas sin término”, y que las sociedades vayan al garete; y si “la política se derrumba, es porque ya no hay interés por los asuntos comunes y porque la propia sociedad se disgrega… y no se espera sino un choque último para realizarse”. Existen excelentes tratados, como el de Jean Touchard: Historia de las ideas Políticas; y de JP Mayer: Trayectoria del pensamiento político, que no solamente deben leerse, sino estudiarse una y otra vez. De William Ebenstein: Los grandes pensadores políticos y sus dos tomos del Pensamiento político moderno, dos clásicos en los que se aprende como propone Maquiavelo: conversar con los grandes maestros de la teoría y los sobresalientes creadores de la práctica política. Ir a las páginas de George G Catlin: Historia de los filósofos políticos y de Arturo D Ponsati: Lecciones de historia de las instituciones. Y los magníficos tratados de Bernard Schwartz: Los Poderes del Gobierno: los poderes federales y estatales y los poderes del presidente.

No bastan esos cursos de verano y de entrada por salida de centros de estudios, de aquí o de allá. Es necesario, como obligación, leer, estudiar y volver a leer las teorías políticas, sus historias y las experiencias de estadistas o, al menos, sobresalientes actores de la política. También hay que estudiar a Montesquieu, a Rousseau, a Marx, etcétera. De otra manera los pueblos seguirán padeciendo la mediocridad en el quehacer de la política. Al menos hay que estudiar y repasar el libro Teoría general de la política, de Norberto Bobbio, que aborda temas como: filosofía política, la lección de los clásicos, política y moral, política y derecho, valores políticos, ideología, democracia: los fundamentos, democracia: las técnicas, derechos del hombre, paz y guerra, cambio político y la filosofía de la historia. Solamente así se puede plantear y responder la pregunta de: ¿cómo es posible la política como teoría y práctica? Así: estudiando, leyendo, repasando, constantemente la política como teorías y como experiencias de los grandes políticos.

Álvaro Cepeda Neri

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