El arte de equivocarse

Por Eduardo Flores

Hoy no dedicaré este espacio a recordarnos “la fuente Mactumatzá” que a pesar de ser demolida de forma autoritaria y ventajosa hace casi 10 años, sigue permaneciendo en la memoria colectiva de la sociedad tuxtleca; ni del poder que este ícono ha tenido para abanderar movimientos sociales que han sentado un precedente de la gobernanza urbana en Tuxtla.

Tampoco hablaremos de la importancia de romper los paradigmas que hacen pensar a la sociedad que un puente peatonal es necesario para que los automóviles se desplacen más rápido, mientras al peatón se le relega bajo condiciones climáticas adversas a subir escaleras que duplican la distancia recorrida.

No nos enfocaremos en la inversión que el gobierno de la ciudad ha hecho para maquillar y no en reforzar un equipamiento urbano que no solo se ha descuidado por años, sino que es peligroso para transitar por las vibraciones transferidas a la estructura por el peso de los vehículos y que en época de vientos fuertes, oscila en su estructura colgante.

Mucho menos ahondaré en cuestionar de donde vienen los recursos públicos que sirvieron para intervenir la estructura, de qué fondos se obtienen y cuál fue el proceso para priorizar esa intervención encima de otras necesidades como mejoramiento de servicios básicos, iluminación o agua potable.

Porque aún más llamativo que la ostentosa inauguración llena de iluminación especial y sonido ambiental fue el simbolismo de esta, que esboza lo que parece ser el espíritu de un gobierno que prefiere el maquillaje, la apariencia y la contradicción. Porque independientemente de si la intervención artística es buena o mala, lo que angustia es el doble discurso al resaltar un elemento urbano que representa la antítesis del objeto de creación de una secretaria de movilidad sustentable y que un evento que pretendía resaltar una obra artística en uno de los puntos más reconocidos de la ciudad, solo devela la sensibilidad de quienes toman estas decisiones.

En momentos en que la ciudad recién abre un Museo de la Ciudad sin fondos para implementar el guion museográfico que le convierta en el primer museo participativo en el estado, intervenir al objeto que representa la expresión máxima del cochecentrismo es difícil de asimilar y aleja cada vez más el discurso de austeridad y sustentabilidad a los hechos.

Ojala se sigan promoviendo el rescate a las tradiciones tuxtlecas y las expresiones artísticas, pero que sea en aquellos espacios públicos, abiertos, que generan comunidad, que reconstruyen y cohesionan el tejido social y que permiten a todos y todas participar. El arte debe estar presente donde caminamos para encontrarnos, no para librar un automóvil; el arte debe ser el motivo para generar sensaciones y no apariencias. El arte puede ser el medio para comunicarnos y no para desplazarnos. El arte es una herramienta poderosa que no se equivoca.

Deja un comentario