Diez niños asesinados en Las Choapas

•Durante el gobierno de Javier Duarte, y la consecuente alza en inseguridad, los malosos ajustan cuentas sin importar edades

•El último, un niño de 12 años cuyo cadáver decapitado fue arrojado en el rancho del alcalde Marco Antonio Estrada

•Hijo de una vendedora de pozol, ni los vecinos ni sus hermanos quisieron ir a su funeral ante el terror que inunda el sur de Veracruz

•Crímenes infantiles, en circunstancias violentas, baleados, decapitados y torturados/Reportaje de Ignacio Carvajal García

Ignacio Carvajal

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Para el Piñero de la Cuenca

Coatzacoalcos, 18 DE SEPTIEMBRE, 2016.- La casa es un cuadrito. Elaborada de lámina de metal. Ese material para el techo y el mismo como forro en forma de paredes. El piso de tierra. Apenas un par de camas y una sola pieza para todo. No hay privacidad. Afuera, la estufa la integran unos bloques con una parrilla entramados sobre el cadáver de una lavadora.

Así vivía el José Luis P.S, de 12 años, el menor de edad número diez asesinado en los últimos cinco años en el municipio de Las Choapas.

Su madre, María del Carmen Pérez Salas, lo reportó como desaparecido el miércoles por la tarde. Unos sujetos se lo llevaron por la fuerza cerca del crucero de la carretera Las Choapas-El Paralelo con el bulevar Mario J.M. Rosado, a unas cuadras de un destacamento del Ejército Mexicano.

En las primeras horas de la noche se reportó que el cadáver de su hijo se encontraba abandonado a la entrada del rancho del alcalde Marco Antonio Estrada Montiel, rumbo a Cerro de Nanchital.

Los asesinos le cortaron la cabeza vivo, determinó la autopsia.

El sufrimiento al cual lo sometieron no tuvo comparación.

Unas cinco horas antes de que encontraran el cadáver de José Luis P.S., las autoridades asistieron el levantamiento de cinco cabezas humanas que habían sido abandonadas en bolsas negras en otro extremo de Las Choapas. De esos restos, dos eran de otros dos menores de edad.

Las Choapas, en particular, es el segundo municipio más grande del estado; colinda con Oaxaca, Tabasco y Chiapas. Estos muertos son producto de ola la guerra desatada por grupos de la delincuencia organizada en disputa por el territorio. Por Las Choapas discurren numerosas líneas de ductos y oleductos de Petróleos Mexicanos, los cuales son codiciados por las bandas dedicadas al robo de hidrocarburos, el negocio del sexenio. Igualmente es paso obligado de todas las rutas migratorias de ciudadanos de Centroamérica en busca del “sueño americano”. En ganado está dentro de las regiones con mayor producción; igualmente, de mayor índice de abigeato.

Aún con toda la violencia cabalgando en esta región rica en producción de árbol de hule, nadie se explica cómo es que los infantes se han quedado atrapados en medio de esa espiral de pólvora y sangre, lo que sí es notorio es el mensaje de terror que se está implantando. Esta crueldad sin límites, hasta de decapitar a un niño, los efectos de esta narrativa de terror ya son evidentes en la sociedad choapense, pues al funeral de José Luis P.S. apenas asistieron unas 30 deudos.

Vecinos, conocidos de la madre, personas que de plano se vieron forzadas moralmente a sumarse al sepelio, pues de la casa del pequeño, en la colonia Anáhuac, cuando mucho salieron diez dolientes.

La señora María del Carmen Pérez Salas concibió otros hijos, pero desde que se enteraron de las circunstancias en las cuales perdió la vida el pequeño cortaron comunicación y por nada acudieron al funeral. Tenían miedo, como el resto de los pobladores de la colonia Anáhuac y los que conocieron al pequeño.

María del Carmen Pérez se ha quedado endrogada con los gastos del funeral, el finado trabajaba, mas no le dejó ningún ahorro. Ella viste una blusa descolorida y una falda también desgastada y maltratada. Calza unas chanclas negras cuyo desgaste ya es evidente. La mujer se mira fuerte, pues a diario debe moler maíz y cacao para preparar una pasta llamada pozol, con la cual se elabora una bebida refrescante de origen prehispánico. En estos municipios del sur de Veracruz, sin embargo, vender pozol, literalmente, es símbolo de pobreza en niveles raquíticos.

En disimulo, y en el más absoluto silencio, así partió el cortejo fúnebre que llevó a su última morada. Los asistentes marchaban con la mirada clavada al suelo, sin ganas de encontrarse otro par de ojos que los juzgara por haber asistido. Que los reconocieran. El miedo y el terror hicieron que los pasos de los deudos se volvieran de plomo.

En el sitio de descanso, una oración y unas palabras muestras el dolor. Hasta ahí. El féretro fue acomodado en el fondo del agujero.

Antes de llegar a ese abismo, José Luis P.S era trabajador. No pudo con la escuela. Sólo llegó hasta el primer año de primaria. Con ánimos de apoyar en su casa se enrolaba en diversos oficios. El último, donde ya había durado, fue de ayudante en una línea local de autobuses suburbanos.

Sin Embargo autoridades locales indican extraoficialmente que la apariencia y forma de conducirse de José Luis P.S. no era la de alguien de 12 años, “parecía de más y había cometido muchas fechorías ya”. Mismos integrantes de su familia reconocen que de pronto acudía a la casa con objetos robados los cuales vendía.

La mamá reconoce también que ya no podía controlarlo. Era un niño, pero vivía de manera independiente. Como un hombre hecho y derecho y con los riesgos implícitos.

Previo al homicidio de José Luis P.S. están los de Jacinto de la Cruz, de 16 años de edad, de la colonia Aviación; y Rubén Félix Olán, de 17, de la colonia Francisco Villa; ambos con altos niveles de marginación y subdesarrollo humano. Sus cadáveres, con otros tres adultos, aparecieron el pasado siete de septiembre en una brecha cercana a la súper autopista Raudales-Las Choapas-Ocozocoautla. A todos les decapitaron, pero los asesinos se llevaron las testas. Las familias dieron dos días de gracia a las autoridades para localizar los restos de sus seres queridos; sin embargo no sirvió de nada y así los llevaron al panteón. Imposible abrir los féretros como es costumbre en las últimas despedidas al bordo de la tumba. Las cabezas las encontraron poco después de una semana en otro extremo de la cabecera, cerca de una estación de bombeo de PEMEX, en avanzado estado de putrefacción.

El 22 de abril pasado muere Jozmar Emmanuel M.S., no contaba con más de cinco años de edad cuando un presunto traficante de drogas lo empleó como escudo humano al tratar de huir del ataque de un grupo de pistoleros que le andaban cazando y éste allanó la casa de la familia del pequeño en busca de refugio. Este narcotraficante, unos días antes, ya había sido detenido con droga, y salió libre bajo fianza.

El pasado 20 de abril, en la congregación choapense San José del Carmen, cae acribillado, a sus 16 años de edad, Saúl J.M., quien se encontraba acompañando a un adulto en un balneario cuando éste recibió la agresión directa y las balas también alcanzaron al chico.

El 7 de abril de 2015 es sacado de su casa, mediante la violencia, José Ángel S.H., quien contaba con 17 años; horas después le encuentran, hecho pedazos, con otras personas, al interior de un pozo artesiano en Las Choapas.

El 2 de septiembre, también de 2015, sustraen a José Ángel S.H. Pasados unos días, le encuentran con signos de tortura en el ejido vecino de Agua Dulce.

A los dos días, en un baldío de la carretera Producción, encuentran a otro menor, pies y manos a marradas y dos disparos. Se llamó Vicente G.G., de 14 años.

El 17 de noviembre del 2014, privan de su libertad a Alejandro T.A., de 14 años, y aparece sin vida, con la garganta rebanada, en un canal de aguas negras.

Antonio H.S., de 17 años, es secuestrado en Las Choapas, y su cuerpo lo encuentran en Agua Dulce, también con el tiro de gracia y señales de martirio. Era un ayudante de albañil.

Todas estas víctimas, por lo regular, no contaban con estudios básicos. Tampoco estaban estudiando. Se dedicaban a trabajar, eran ajenos a los programas de apoyo del DIF en los tres órdenes. El alcalde de ese municipio, hasta el momento, y con todo que le han matado a tres infantes en su administración, jamás se ha pronunciado ni sumado a las demandas de mayor seguridad.

Es más, en enero de 2016, después de que maleantes tapizaron Las Choapas con mensajes contra otro cártel rival, anunciando balaceras y levantones, el edil atajó:

“Las mantas las pusieron…pero la ciudadanía tiene confianza, están tranquilos…las mantas decían que van contra secuestradores, no contra la ciudadanía”. Y bien, ahora que le dejaron el muerto en su propiedad y sigue hermético (con información de diario Presencia.mx de Las Choapas).

A nivel estatal, cruentos periodísticos, indican que son unos 40 menores de edad los que han perdido la vida por la vorágine sanguinaria entre las distintas disputas por cárteles, cartelitos y actividades como el secuestro.

En el plano nacional, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) denunció el pasado 30 de abril que 53.9 % de los niños en el país se encontraban en condiciones de pobreza, marginación y susceptibles a enrolarse en trabajos para conseguir ingresos.

Este mismo año, igual en abril, la Comisión Interamericana para los Derechos Humanos (CIDH) publicó el estudio “Violencia, niñez y crimen organizado”, donde hablan del alto grado de facilidad con la cual los menores entre 10 y 11 años pueden ingresar a trabajar en organizaciones delincuenciales en México, país donde hay un millón y medio de niños de 5 a 17 años que no trabajan ni estudian y representan interés para los cárteles de la droga.

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