CIUDAD DEL CARMEN, CAMP. (Proceso).- “Lo peor todavía está por venir… Los efectos de la crisis apenas comienzan, y para Ciudad del Carmen, cuya economía gira fundamentalmente en torno a la industria petrolera, el panorama se antoja trágico, desolador, pues en poco tiempo puede tornarse en un pueblo fantasma”, advierte Pablo López, secretario de Organización de la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas Petroleros (Untypp).

Aun cuando el alcalde Pablo Gutiérrez Lazarus considera que “no es una hecatombe”, reconoce que la situación en este municipio, “que durante muchos años ha sido el principal motor económico del estado, fuente de empleo, de productividad y riqueza, hoy es crítica, caótica”, y coincide en que “se pondrá peor”…

En la misma sintonía se expresa Manuel Hinojosa Jáuregui, coordinador de la Asociación Carmelita Independiente, una agrupación ciudadana apartidista que aglutina lo mismo trabajadores petroleros que comerciantes, taxistas y amas de casa, y cuestiona:

“¿Dónde están los supuestos beneficios de la reforma petrolera que prometió el gobierno? ¿Estos son? ¿Dejar a miles de personas sin trabajo, de ciudadanos comunes que con sus salarios mueven la economía local? ¿Esto es lo que planearon esos ambiciosos descerebrados que tienen su dinero mal habido escondido en las bóvedas de las Islas Caimán? ¿Piensan que nos pueden avasallar así, con toda impunidad?”

A la otrora apacible isla, que hasta la década de los setenta del siglo pasado tenía una población de apenas 50 mil habitantes y cuya economía se basaba fundamentalmente en la pesca, la agricultura y la ganadería, llegó el “progreso” con el boom petrolero que el hallazgo del megayacimiento Cantarell, en la Sonda de Campeche, detonó en la región.

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2056, ya en circulación revista proceso.