Las huelgas de la UNAM

por Moy Montes

José Blanco

Mañana se cumplirán dos meses de huelga en dos planteles de la Escuela Nacional Preparatoria y en la muy querida Facultad de Filosofía y Letras. La preocupación y el pesar se extienden por la comunidad universitaria. Si en alguna parte son de esperarse las posturas equilibradas, la gana incansable de entender, la capacidad de formular el argumento analítico basado en hechos verificables y el querer un acuerdo síntesis de todas las posturas valiosas, es en la UNAM.

El rector Graue ha informado que antes y durante el periodo vacacional se ha dado respuesta a todos y cada uno de los puntos de los pliegos petitorios de las y los huelguistas. Frente a ese mensaje los grupos que sostienen el paro no pueden sin más mantenerlo sin tomar una posición genuina y sincera frente a los hechos. La comunidad universitaria tiene entre sus recuerdos amargos la destructiva huelga de 1999. Las autoridades, en cierto momento, dieron satisfacción a los reclamos de los huelguistas de entonces, pero los grupos responsables del paro hicieron caso omiso de ese hecho, agregaron más y más demandas y mantuvieron cerrada, por casi un año, la institución de educación superior más importante de México. El daño causado a la institución nunca nadie lo ha podido explicar y valorar.

¿Quiénes fueron los autores intelectuales de aquella embestida contra la UNAM? Nunca fueron identificados, pero para nadie es ajeno que aquella terrible agresión provino del espacio político, justo en el marco de la transición partidista entre Ernesto Zedillo y Vicente Fox. Hoy el contexto es el de un nuevo gobierno con numerosos adversarios y enemigos; tal circunstancia no debe perderse de vista.

Los grupos que mantienen las huelgas en la UNAM avanzan en el sentido de deslegitimar su propio movimiento. Una postura como la que anuncia su manta Ya que provocamos la hoguera que arda todo lo que tenga que arder se parece atrozmente a las posturas de los huelguistas de 1999. Las preguntas sobre si hay otras intenciones para continuar el paro, más allá de los reclamos contenidos en los pliegos petitorios, son inevitables.

Muy pocos asuntos tienen la importancia social, moral, de civilización histórica, que la agenda de género. Resalta, sin lugar a dudas, el punto vergonzoso e inadmisible de la violencia contra las mujeres. Por esa razón los grupos huelguistas y las comunidades no huelguistas no debieran permitir que los movimientos en favor de que la UNAM asuma a cabalidad la agenda de género, despierten dudas. Esa agenda será defendida con firmeza e integridad con la máxima responsabilidad seguramente por generaciones. Así, los grupos huelguistas debieran considerar seriamente que la legitimidad de sus acciones depende no sólo de afirmar sus propias posturas: depende, principalmente, del medio social en el que esas acciones tienen lugar. Así ocurre con las posturas y las tesis de todo mundo. Nuestras acciones las legitima, o no, la comunidad de la que formamos parte.

Si han sido respondidos en positivo los pliegos petitorios y la consigna continúa siendo, sin más, la eliminación de la violencia de género, parecería que los grupos huelguistas atribuyen a las autoridades el poder de eliminarla. Así no ocurren las cosas. Las autoridades, en el marco legal que las rige, pueden acordar con los demandantes, la implantación de mecanismos institucionales para cuidar al máximo que esa violencia no tenga lugar. No pueden eliminarla; ni la autoridad universitaria, ni la autoridad política máxima del país, ni nadie. Será eliminada por los movimientos de mujeres y por los hombres que entiendan que también es su lucha. Es una batalla prolongada que tiene como objetivo transformar el mandato de masculinidad actual en el mundo entero, para usar las palabras de la notable feminista Rita Segato.

Una huelga no puede eliminar del mundo tal y como es hoy, y de una vez y para siempre, una dura realidad social que está ahí y que es recreada cada minuto por las mujeres y los hombres realmente existentes. Es una tarea ciclópea de autotransformación en un proceso social de larga duración. En tanto, entre las muchas batallas está la denuncia legal específica de las ofendidas contra los abusadores. Así procede #MeToo y muchos otros movimientos feministas. La UNAM debe apoyar esas denuncias.

Necesitamos a la universidad trabajando con la inteligencia, con la investigación, con el conocimiento, en todos los campos. El país lo requiere cada vez más. La agenda de género no le es ajena desde hace lustros, pero es necesario que sus ítems ocupen un lugar aún mayor en la vida académica e institucional de nuestra casa de estudios.

Ojalá que todas y todos hallen el curso para terminar de satisfacer una demanda que puede comenzar a extraviarse. Deben ser mejorados los mecanismos instituidos para el cuidado de las universitarias. El mejor modo de continuar aprendiendo sobre la pesadilla, la violencia de género, está también en la evaluación periódica de dichos mecanismos.

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