“Reina de corazones”: amor prohibido

por Moy Montes
Dronningen, 2019. Foto: Especial

LUCIANO CAMPOS GARZA

MONTERREY, N.L. (apro).- En el nuevo milenio, la fatal atracción viene de Europa, en un empaque mucho más tóxico y perverso que su versión original.

El ya clásico de Adrián Lynne, que sorprendió al mundo en los 80, con una mujer desquiciada que pretende destruir la familia del amante que la desdeña, toma una vertiente mucho más retorcida en ‘Reina de Corazones’ (Dronningen, 2019), un vistazo a la vida de una mujer que lo tiene todo y que extravía trágicamente el rumbo, en el nombre de una pasión insostenible.

La directora y coguionista May el-Toukhy presenta una arriesgadísima apuesta, al crear una historia cargada de energía sexual y que, en lugar de erotismo, incorpora algunos pasajes de porno soft que no hacen más que acentuar, por su explícita crudeza, el deterioro moral en el que se va adentrando Anna (Tryne Dyrholm), la rica profesionista que tiene, aparentemente, la vida resuelta.

El retrato que se presenta es idílico en un inicio, con una familia adinerada, con esposos que conviven en armonía y dos hijas menores adorables. Las vidas de todos se transforman cuando llega al hogar Gustav (Gustav Lindh), un adolescente problemático, hijo que él tuvo en una relación previa.

Anna es una abogada de gran carácter, que demuestra un temple inquebrantable en los tribunales. Por eso, resultan extrañas las razones por las que decide adentrarse en una relación indebida y con alguien tan cercano. Las dudas quedan congeladas en la atmósfera, pues pareciera que ella se mete en un enorme problema a causa de una espontánea crisis de la media edad. O tal vez porque estaba aburrida.

Lo cierto es que esta dama decide, consciente y premeditadamente, iniciar sin provocación un juego arriesgadísimo, del que no podrá escapar sin raspones. Empujada por la lujuria incurre incluso en el delito, solazándose en las posibilidades de ser descubierta y consumar su propia destrucción social y profesional.

El espectáculo completo es la interpretación de Dyrholm. La señora tiene su mundo en control. Por oscuros motivos se involucra en una dinámica autodestructiva, en la que debe construir un camino sobre hielo quebradizo, plagado de mentiras, para mantener vivo el absurdo frenesí que la va consumiendo, hasta convertirse en la materialización de todos los miedos por ser pillada en el desliz.

Hay un evidente abuso de poder, una terrible manipulación sexual y una perspectiva de género que, por esta vez, en nada favorece a las mujeres. Sin embargo, el guión genera situaciones tan insoportablemente incómodas que, paradójicamente, mueven a la compasión por ella. En realidad, lo que se quiere es que las intenciones de ella no sean descubiertas pues, aunque son aborrecibles, implicarían una hecatombe al interior de esa familia modelo.

En el final, dejadas ya las apariencias, Anna se convierte en una harpía. Personificada como la bruja del cuento, rompe todas las barreras, se despoja por completo de escrúpulos y se coloca una máscara de monstruo angelical. Aun cuando la tragedia toca la puerta, se mantiene en su postura de víctima digna que, en sus lágrimas de cocodrilo, le reclama hipócritamente al mundo por qué se ensaña con ella.

‘Reina de Corazones’ es un film independiente que al final deja una incómoda sensación de emociones confusas, ocasionadas por el comportamiento licencioso de una atractiva mujer que tiene el corazón de un demonio.

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