CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Desde hace 20 años ningún presidente había tenido tan baja aprobación social como Enrique Peña Nieto. Ni ciudadanos ni empresarios están satisfechos con su actuación y la imagen que Televisa le creó de político eficiente y capaz ya se diluyó quedando la de un político mediocre pero peligroso porque su incapacidad la ha suplido con el uso de la fuerza y la violencia de policías y soldados contra todo aquel que está en contra de su gobierno.

Horas antes de que se diera a conocer la encuesta del diario Reforma donde se registra la desaprobación a su gobierno del 70% de los encuestados en todo el país, cientos de policías desalojaron con violencia a los habitantes de Xochicuautla, Estado de México, del terreno donde se construirá una autopista por parte de una empresa de Juan Armando Hinojosa Cantú, el amigo constructor favorito del presidente.

El uso de la fuerza pública ha sido la característica principal de Peña Nieto desde que tomó posesión como presidente. Con esa política de palo y zanahoria, de premiar a los amigos y de castigar a los enemigos, es como se ha mantenido en el poder estos cuatro años.

Gracias al manejo de imagen de Televisa y a los acuerdos a los que llegó con la oposición mediante prebendas económicas y políticas, Peña se sostuvo el primer año, pero a partir del segundo comenzó el declive hasta el despeñadero en el que ahora se encuentra todo su proyecto reformador.

Para ponderar la crisis de credibilidad del gobierno peñista hay que ver que desde 1995, cuando gobernaba Ernesto Zedillo, la población no mostraba tanta inconformidad con el presidente en turno. Ese año el país sufrió su peor crisis financiera llamado internacionalmente como “el Efecto Tequilla” que generó casi 70% de pobreza patrimonial de las familias, 49 % de pobreza en capacidades y 39 % de pobreza alimentaria en todo el país.

En aquella ocasión el crack financiero afectó a 16 millones de mexicanos y se reflejó en un malestar general del 70% de los mexicanos. Hoy Peña Nieto es reprobado con el 75% de los encuestados que rechazan sus políticas económicas, financieras y de gobierno.

La imagen de corrupción con la que se le identifica directamente, los negocios millonarios que les ha dado a sus amigos a través de contratos de construcción, la incapacidad para resolver el problema de la violencia y el crimen organizado, el estancamiento económico, el despilfarro en sus viajes, la impudicia en el comportamiento de su familia y su proclividad a la represión social, forman parte de las expresiones de su incapacidad de gobernante y, al mismo tiempo, de la descomposición que percibe la mayor parte de la población y del sector empresarial al gobierno de Peña Nieto.

Hoy Peña ya no tiene de aliados a los principales medios de comunicación como son las televisoras que viven su propia crisis económica y de credibilidad. Tampoco cuenta con el apoyo del sector empresarial que lo califica de inepto ni de los otros partidos políticos que le ayudaron con el Pacto por México.

Peña Nieto va solo en estos dos años que le restan de gobierno y eso es lo peligroso porque ante la debilidad y fragilidad de su permanencia, ante la posibilidad de grandes manifestaciones sociales tendrá la tentación del uso de la fuerza pública para reprimir cualquier protesta social y, en el peor de los casos, decretar la restricción o suspensión de derechos y garantías, a fin de que haga uso de sus facultades para enfrentar “amenazas y emergencias en territorio nacional”, como ya se plantea en una ley aprobada en comisiones en la Cámara de Diputados.